Receta de nuestro
Turrolate de almendra Leogracía
¿Os animáis?
-250 gramos de harina
-200 gramos de azúcar glas
-Una pizca de sal
-10 gramos de cacao puro en polvo
-270 gramos de almendra tostada (también se puede hacer con cacahuetes fritos, pero no de los salados que venden para comer como snack)
– 15 gotas de aceite de canela
– Media cucharadita de canela
– Aceite vegetal (de girasol, por ejemplo)
Preparación:
1. Empezamos tostando la harina. Yo lo he hecho en una sartén, a fuego bajo para que no se me queme y sin dejar de remover. Tardaremos entre veinte minutos y una hora. También se puede hacer en el horno o incluso en algunos despachos de pan se puede comprar harina tostada. Recordad ese refrán que dice vísteme despacio que tengo prisa y en la cocina las prisas no son buenas para nada.
2. Seguimos con las almendras. Sí, tenemos un almendro en la finca, así que yo utilizo almendras de casa. Mi padre las ha partido, entre mi marido y yo le hemos quitado la piel y luego he continuado yo sola. Las he tostado en el horno (las ponemos en la bandeja sobre un papel de hornear a 180ºC durante unos 20-25 minutos sin dejar de controlar y remover cada cinco o diez minutos y retiramos cuando empiezan a cambiar de color porque se queman en un plis) y las he picado hasta obtener una pasta. La almendra, como todos los frutos secos es rica en aceite y si se pica mucho acaban hechos pasta, que es lo que necesitamos para esta receta. Por supuesto podéis comprar las almendras crudas o tostadas las venden en muchos supermercados y sólo tendréis que picarlas en casa (o tostarlas y picarlas si optáis por la almendra cruda)
3. En un bol amplio ponemos la almendra picada hecha una pasta, el azúcar, la pizca de sal, el cacao y 150 gramos de la harina y amasamos con las manos.
4. A continuación ponemos la media cucharadita de canela y el aceite de canela y volvemos a amasar bien. Si no encontráis aceite de canela podéis poner tres cucharaditas de canela, pero lo venden en muchas tiendas de repostería y también por internet. Además no es muy caro, aunque es un bote pequeñito cunde bastante.
5. A partir de aquí viene lo complicado, que es obtener la consistencia adeuada del turrolate. Dejamos reposar la masa un poquito en un lugar cálido para que la almendra suelte toda la grasa. La masa tiene que tener una textura húmeda pero manejable. Similar a la plastilina, que nos permita hacer “churros” que es la forma tradicional en la que se vende este dulce.
Si nuestra masa está muy arenosa añadimos un chorrito pequeño de aceite de Rute, LivesOlives, volvemos a amasar y dejamos reposar sobre un cuarto de hora para dejar que la grasa del aceite actúe. Si está demasiado húmeda añadimos un poco de harina, amasamos y esperamos un ratito para ver la textura que tiene.
Insisto en lo de esperar, porque cuando yo lo hice obtuve la textura perfecta y me puse a hacer churros, pero luego apareció más grasa cuando los tenía todos hechos y me quedaron más blandos de lo que me hubiese gustado. De sabor muy ricos, pero se aplastaban. Y si queda la masa muy seca se resquebrajan y se rompen.
6. Cuando tenemos la masa con la textura adecuada, recordad, similar a la plastilina pero sin estar muy aceitosa, vamos cogiendo porciones y las hacemos barritas, que es la forma tradicional de este dulce. Debemos compactarlas bien. Si lo preferís podéis ponerlo en un molde para plum cake y presentarlo en forma de lingote y cortar trozos.
No os frustréis si las barritas no os salen muy homogéneas o se aplastan al ponerlas en la bandeja. El turrolate “profesional” de Leogracía lo compactamos y le damos forma con máquina, y a mano se logra lo que buenamente se puede.
El sabor del turrolate es muy característico en el que predomina la almendra con un toque de cacao y canela absolutamente irresistibles y os aseguro que con esta receta lo váis a obtener. El problema es dar con la textura adecuada porque es imposible controlar la cantidad de aceite que va a soltar la almendra que utilicemos por eso os aconsejo dejar reposar un poquito la masa. Además las barritas deben quedar un un ligero toque de aceite, ese brillo es absolutamente característico del turrolate. Consigáis o no la textura adecuada a la primera os aseguro que volará. ¡Es una auténtica delicia!
Para presentarlo podéis utilizar alguna lata o ponerlo en una bandeja. También podéis envolver cada barrita en papel brillante del que venden para las tabletas de turrón. Para conservarlo yo aconsejo guardarlo en el frigorífico en un recipiente hermético (el tupper de toda la vida) e incluso que lo envolváis individualmente porque es más práctico. Si no tenéis papel de turrones o papel encerado y es para vosotros podéis usar papel de aluminio de los de toda la vida.



